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La importancia de las certezas

La importancia de las certezas

La Importancia De Las Certezas En La Educación De Nuestros Hijos

Cada vez con más frecuencia es común recibir en consulta a padres frustrados, que tienen problemas en la educación de sus hijos: los niños o adolescentes no hacen caso, tienen pataletas, rabietas, no respetan horarios, límites, no cumplen con sus obligaciones, creando así un ambiente familiar de tensión. Cierto es que la situación del mundo actual, el estrés laboral y el vertiginoso ritmo en el que transcurren las cosas, nos complican las cosas y nos hacen cometer errores.

Uno de los errores que como padres solemos cometer es el de querer evitar las frustraciones de nuestros niños, no soportamos que sufran o se aburran, de ahí que les permitimos que usen las videoconsolas, ordenadores, etc. sin límites, les organizamos los cumpleaños desde pequeñitos, les damos móviles de última tecnología (muchas veces sin que lo hayan pedido) o procuramos invitarle un amigo para que estén entretenidos en casa.

En esa misión de evitarles sufrimientos, caemos muchas veces en una pérdida de la certeza, clave para lograr aprendizajes. Les damos respuestas inconsistentes y contradictorias, no procuramos momentos de comunicación, y les educamos en función a opiniones [1]… por evitar problemas, porque estamos cansados… Por ejemplo, ante la misma conducta de “no querer irse a la cama” reaccionamos de manera diferente: un día les hablamos cariñosamente, otro día los dejamos hacer porque estamos muy cansados, otro, como hemos tenido un mal día en el trabajo les gritamos respondiendo desde nuestra desesperación, desde nuestra emoción… la misma conducta del niño de “no querer irse a la cama” tiene consecuentes diferentes por nuestra parte. El niño, al realizar esa conducta de retardar la hora de irse a la cama y retarnos, no tiene certeza alguna de lo que le va a ocurrir como consecuencia de ello, con lo cual tiene la esperanza de poder salirse con la suya [2, 3, 4, 5]. Eso no favorece el cumplimiento de nuestra norma.

Debemos tener presente los principios básicos que guiarán nuestro proceso de educación:

En primer lugar, saber decirles que no, con coherencia y sobre todo, con certeza. No se trata de caer en una rigidez e inflexibilidad, sino de ser consecuentes y coherentes con aquello que queremos conseguir. De esta manera enseñamos y entrenamos a nuestros hijos a tolerar la frustración. La frustración forma parte del día a día de todos los seres humanos, por ello, mientras más capacidades tengamos de tolerarla, mejor calidad de vida tendremos.

En segundo lugar, debemos transmitirles autoridad, por medio de disciplina, horarios y mucho cariño. Existen numerosas investigaciones científicas que sugieren que las rutinas disminuyen la ansiedad en los niños y mejoran la convivencia [ 6, 7, 8, 9]. Tenemos que dirigir nosotros la vida de nuestros hijos, y no al revés [1]. En estas rutinas debemos cuidar los momentos de comunicación con nuestros hijos, debemos enseñarles a hablar y a escuchar. Muchas veces, sin darnos cuenta, caemos en la rutina de no hablar “porque algo pedirán” o “se justificarán de sus fallos”, o incluso “exigirán algo que según ellos necesitan”… Debemos hablar de las cosas buenas que les haya ocurrido, de sus habilidades, y procurar que no domine en la comunicación los reclamos (ni los de ellos ni los nuestros).

En tercer lugar debemos educarles desde sus fortalezas, sus puntos fuertes y no desde sus debilidades, premiando especialmente el esfuerzo y no tanto el resultado [1, 10, 11]. Por ejemplo, recordarles sus logros, hablar de ellos, y ayudarles a que puedan generalizarlos a otros ámbitos.

Como padres, debemos darles certezas. Es, desde la certeza, la autoridad, y el cariño que les educamos y entrenamos para la vida futura: tolerando la frustración, dialogando, siendo capaces de decidir y asumir las consecuencias de sus decisiones y actos.

Con esto estamos ejerciendo nuestro papel de padres como educadores para que nuestros hijos lleguen a ser seres humanos autónomos y competentes, con pensamiento crítico, capaces de conseguir sus propios objetivos.

Fdo.: Psicóloga Carolina Castellano Villafañe

Col. Nº 20867

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