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UNA HISTORIA DE BULLYING

UNA HISTORIA DE BULLYING

Se había terminado el verano y era hora de volver al instituto, hora de retomar las clases, hora de volver a juntarse con los compañeros. Para muchos una dura vuelta, pero para Daniel más. Esta es su historia, pero también es la historia de su entorno, así como la historia de Borja. Pero vayamos por partes.

Daniel comenzaba 4º de la ESO. Nunca había repetido curso, pero sus notas habían empeorado mucho últimamente. Durante el último año y medio Daniel se había convertido en el juguete de sus compañeros de clase. Era el blanco perfecto de burlas, insultos, amenazas, empujones, golpes, patadas y toda clase de provocaciones. Al principio no era tan a menudo, pero cada vez era peor. Compañeros de clase le tiraban los libros, le pedían dinero, le rompían los lápices y le robaban los apuntes días antes del examen. Hubo una ocasión en el recreo en el que le rodearon y le tiraron migas de pan mientras le gritaban mono. Se reían con fuerza las pocas veces que respondía a las preguntas del profesor. En una excursión le hicieron comer hierbajos y beber leche mezclada con jabón. Las risas eran grandes, demasiado para él. La humillación fue tan extrema que una tarde, después de clase de gimnasia, Daniel fue obligado a meterse con ropa debajo de la ducha. Se sentía sucio, no quería volver a pasar por una situación similar. Llegó a casa, encontró una caja de pastillas para dormir en el cuarto de baño y se tomó un puñado de ellas. Horas más tarde lo encontraron sus padres inconsciente pero vivo…

Borja también empezaba el mismo curso. Era compañero de clase de Daniel. Tampoco había repetido, y si todo iba bien, sus notas podrían ser las mejores de su clase. Los problemas de matemáticas no suponían ningún problema para él, tenía buena capacidad de memorización e incluso era bueno en los deportes. Y en comparación a Daniel, Borja sonreía a menudo.

Borja y Daniel eran, además de compañeros de clase, amigos desde la infancia. Eran amigos del barrio y siempre iban juntos a clase desde sus casas. Habían pasado muchas tardes juntos desde pequeños, jugando a las consolas en casa de uno u otro. Incluso sus madres eran amigas. Borja, al igual que todos los de su clase, era consciente de las vejaciones que le hacían a Daniel día sí, día también. Y como todos, Borja también optó por el silencio. Calló, y no dijo nunca nada. Todo eso por miedo. Miedo a las consecuencias, miedo a la verdad.

Según un estudio sobre la intimidación escolar realizado por la Universidad de Bergen, Noruega, uno de cada 7 alumnos está implicado en problemas de agresión. Agresiones o amenazas en las aulas, de las que todos somos responsables. Alumnos, profesores, padres. Todos.

Tu mismo puedes ser Daniel o incluso Borja, y si ese es tu caso, no hagas como los protagonistas de esta historia. Omitir el problema no es solucionarlo. No hagas como ellos. No calles como ellos. No temas como ellos. Actúa y habla.

PAUL HERNANDEZ QUINTANO
Ilustración: Manuel Trujillano.

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