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La Adquisición de Habilidades Sociales.

La Adquisición de Habilidades Sociales.

Estos procesos incluyen el aprendizaje de hábitos sociales (comer, vestirse, etc.), habilidades sociales propiamente duchas (comunicación, adopción de perspectivas, etc.), conductas prosociales y evitación de conductas socialmente indeseables. Estas adquisiciones suponen, básicamente, el conocimiento de valores, normas y hábitos sociales, y el adecuado control de la conducta para poderlos llevar a cabo.

Muchas de estas habilidades se van a adquirir por el contacto del niño con su grupo de iguales, fundamentalmente por su entrada en la Escuela Infantil.

No podemos perder de vista la importancia del juego en el desarrollo social del niño, sobre todo en el aspecto de interrelación con los iguales, aprendizaje y aceptación de las reglas, conocimiento y comprensión de la realidad, etc. Aunque en los primeros años predominan las actividades solitarias y el juego paralelo, cada vez va a tener más peso el juego social y colaborativo. Las relaciones entre iguales dejan de ser casi exclusivamente diádicas para pasar a a ser grupales.

A estas edades, los grupos se estructuran en torno a preferencias (por ejemplo, por un determinado tipo de juego), así como por el temperamento de los niños y, sobre todo, por las semejanzas personales compartidas (así, por ejemplo, los niños tienden a inclinarse a pasar más tiempo con sujetos que comparten con ellos cierto número de características físicas, sobre todo el sexo).

Los niños de esta etapa prefieren como compañeros a aquéllos que manifiestan conductas de cooperación, ayuda, participación social en juegos y cumplimiento de reglas. Los niños que consiguen un status social elevado son aquellos que tienen un mayor conocimiento y realizan mejores interpretaciones de las situaciones sociales que implican expresión de emociones, conocen la red de relaciones significativas entre sus iguales, son capaces de adaptarse a las perspectivas de los otros y participan activamente en las actividades del grupo.

En relación a las disputas, tan corrientes en estos años, no van dirigidas por lo general a la persona como tal (agresividad hostil), sino hacia la consecución de un objeto (agresividad instrumental); estas peleas se producen más entre niños del mismo sexo, más en grupos de niños que de niñas, y más en el periodo 2-3 años que en el de 5-6.

Por último, en cuanto a la evolución de la conducta prosocial, ésta ya se da en niños de entre 18 y 24 meses cuando se encuentran en situaciones en que la necesidad o el apuro de la otra persona es muy evidente (por ejemplo, cuando otro niño está llorando tras haberse caído). A lo largo de la etapa, los comportamientos prosociales van ganando en sutileza, aunque se encuentran limitados por su familiaridad con la situación, de modo que los preescolares actuarán prosocialmente con personas y en situaciones conocidas, y difícilmente lo harán cuando no se den estas circunstancias.

BIBLIOGRAFÍA:

(1) PALACIOS, J., MARCHESI, A. y COLL, C. (comps.): “Desarrollo psicológico y educación”. Vol. 1: Psicología evolutiva. Madrid, Alianza, 1990.

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